Guterres aplaude el apoyo de muchas naciones a la creación de una ruta para abandonar el petróleo, el gas y el carbón, sobre la que no hay consenso aún en la conferencia de Belém

La COP30 debería rematarse el viernes, aunque año tras año el cierre de estas citas se atasca y nunca terminan en hora. El sistema por el que se tiene que acordar cada texto, cada palabra en cada decisión, se basa en el consenso, lo que significa que cualquiera de los casi 200 países que participan puede levantar la mano y frenarlo todo. Este sistema durante las más de tres décadas de conversaciones sobre cambio climático en la ONU ha hecho que los acuerdos siempre se vean rebajados, aguados.
Entre otras cosas, ha provocado que los textos y pactos que salen de las COP fijen metas y planes referidos a las emisiones de gases de efecto invernadero, pero no establezcan reducciones del uso de la principal fuente que los provocan: los combustibles fósiles. Los petroestados, con Arabia Saudí como cara más visible, siempre se han resistido a que se mencione al petróleo, el gas y el carbón. Solo se debe hablar de los gases, defienden. Es decir, de las balas y no de las pistolas que las disparan.
Pero el Gobierno de Brasil, con Luiz Inácio Lula da Silva a la cabeza, ha llevado el foco de esta cumbre —de la que no estaba previsto que saliera un gran titular o un gran acuerdo— hacia ese tema maldito. Desde el comienzo de la conferencia, Lula ha insistido en la necesidad de que en Belém se impulse una hoja de ruta para que los países rompan con la dependencia de los combustibles fósiles. Un amplio grupo de naciones, que rondaría las 80, aunque no se ha difundido un listado oficial de signatarios aún, defienden esa hoja de ruta. Enfrente tienen a algunos de esos Estados con economías muy dependientes de los combustibles fósiles. Y no hay muchos grises en estas posiciones: unos quieren que se incluya un mandato para fijar esa hoja de ruta de los combustibles y otros no, con lo que resolver este asunto será el mayor quebradero de la presidencia de esta cumbre, en manos de Brasil.




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